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Iniciamos el recorrido hacia el barrio
de la Judería, subiendo por la Rúa de
Dato, eje urbano principal de la ciudad,
que aglutina gran parte del comercio de
la ciudad. Pasaremos por el palacio del
Barón de Warsage, héroe de la guerra de
la Independencia y edificio que alberga
el Casino Bilbilitano y frente a él, la
iglesia de San Pedro de los Francos.Seguimos ascendiendo hasta llegar,
girando a la izquierda, a la Pza. de San
Andrés, donde se encuentra la iglesia
del mismo nombre y el teatro de la
ciudad, el teatro Capitol, que nos abre
las puertas de la antigua judería.
La
configuración fisonómica, orgánica y urbanísticamente hablando, responde a
las medidas segregacionistas adoptadas
en la Edad Media. Los judíos
bilbilitanos defendían que su judería
era una de las más “lindas y bellas” de Sefarad.
La judería se encarama en torno
al castillo de doña Martina. Empezamos a
subir por la cuesta de Santa Ana, para
introducirnos en un angosto y
zigzagueante entramado de calles, que
nos llevan hasta la Sinagoga Mayor, que
conserva su fachada con dos puertas
pequeñas de acceso, una para los hombres
y otra para las mujeres.
Era el
epicentro de las reuniones, también
tenía un componente docente; en la
actualidad es la ermita de Consolación.
Subiendo por el barrio de Consolación
llegaremos hasta el Santuario de la
Virgen de la Peña, patrona de la ciudad.
Aunque se desconoce documentalmente la
fecha de su fundación, es muy probable
que estuviese entre las primeras
parroquias de la Villa. En 1343 se
iniciarían las obras del templo mudéjar
sobre el solar del castillo de la Peña.
Ha tenido que ser restaurada en
sucesivas ocasiones por los efectos
desbastadores que en ella han ido
dejando las guerras de los Pedros, las
carlistas y un tremendo incendio en el
año 1933. Situada sobre un altozano, la
iglesia actual conserva partes
mudéjares, restos de la primitiva
fábrica y barrocas, resultado de
restauraciones posteriores que
enmascaran casi totalmente las primeras.
La importancia de los restos mudéjares
de este templo es capital, ya que su
fábrica es el arquetipo del grupo de
iglesia fortaleza de Aragón, admirable
simbiosis de elementos religiosos y militares. Desde aquí podemos divisar
toda la ciudad y los más atrevidos
pueden subir a la ermita de San Roque.
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